FacebookTwitterYouTube
pEquE iNfOrmEs 2012

Mi cuaderno amiguito 2

Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

¡¡Hola PequeMundo!!

Se nos pasó Agosto, Septiembre y casi, casi,
todo el mes de Octubre.
Éstas son las novedades:


Seguimos completando
el Bibliopeque itinerante



click aquí


Empezó la mudanza del muro
de facebook al Faceblog
(está aún en construcción)



click aquí



Y estamos haciendo algo más,
que todavía no se puede contar…



click aquí



¡¡A leer!!



UN E-MAIL PARA LA ABUELA. De María Inés Falconi

La abuela Teresa tenía una hermana que se había ido a vivir a España. Aunque era su tía abuela, Romina la llamaba “la abuela Conce”, porque, según decía, tenía más cara de abuela, que de tía.

Todos los viernes, la abuela Teresa recibía una carta de la abuela

Conce en un sobre chiquito y medio transparente, con una franja cruzada que decía “Vía Aérea” y montones de estampillas raras.

La abuela le contestaba, y el lunes, aunque estuviera diluviando, salía para el correo, con otro sobre que también decía “Vía Aérea”.

Una semana, el cartero no vino, y tampoco vino la siguiente. La abuela estaba preocupadísima. Primero, protestó contra el cartero; después contra el correo; y finalmente, contra el gobierno argentino, el rey de España y el servicio meteorológico. Finalmente se convenció de que algo malo tenía que haber pasado y llamó a su hermana por teléfono.

–¡Pero Teresa! ¡Sí que te contesté! –le dijo la abuela Conce–. Te mandé como diez cartas.

–Entonces se perdieron en el correo –protestó la abuela Teresa.

–Pero no, mujer. ¡Qué correo ni correo! Te las mandé por “emilio”.

–¿Emilio? ¿Quién es Emilio? Yo no conozco a ningún Emilio... –se enojó la abuela.

–Emilio le dicen aquí. Vosotros lo llamáis “e-mail”, según creo –le explicó la hermana, que ya se había acostumbrado a hablar a lo español–. Se las mandé a tu hijo Jorge a la oficina.

–No te entiendo, Conce. ¿Me las mandaste por Jorge o por Emilio?

–Por computadora, Teresa. ¡Qué desactualizada estás! Anotá mi dirección, así me contestás.

La abuela Teresa le contó a Romina la conversación con su hermana.

–No sé... Me hizo un lío –dijo–. Que me mandó cartas por Emilio, después por Jorge, tu papá, pero nunca me llegaron. Dice que las mandó por computadora.

–Sí, abuela. Vía Internet.

–No, no, no. Nosotras siempre las mandamos “vía aérea”. ¿Vía qué, decís?

–Internet, abuela. ¿Te dio la dirección?

La abuela le acercó un papelito donde había anotado:

Concepción Nuñez Arroba Jotmeil Punto Com.

–No sé porqué se pone tantos apellidos esta mujer –dijo–. ¿De dónde sacó que ahora se llama Arroba? Capaz que es algún vecino.

Romina se rió.

–Así son las direcciones de e-mail, abuela. Si querés, mañana le contestamos.

Esa noche, el papá de Romina llegó de la oficina con el pilón de cartas que había mandado la abuela Conce.

–¡¿Pero se puede saber porqué no me las trajiste antes?! ¿No escuchaste que estaba preocupada? –lo retó la abuela Teresa, que siempre pensaba que su hijo seguía teniendo diez años.

–Te escuché, mamá, pero estuvimos una semana sin sistema.

–¿Sistema para qué?

–Se nos rompió la computadora, mamá. Eso.

–¿Ves? Tanta tecnología y al final, las computadoras andan peor que el correo.

Al día siguiente, cuando Romina llegó de la escuela, su abuela la estaba esperando para mandar la carta. Mientras ella prendía la computadora, la abuela corrió a su cuarto y volvió con un sobre cerrado que decía: Concepción Nuñez Arroba Jotmeil Punto Com.

–¿Por dónde se echa? –preguntó, rodeando la compu para encontrar una ranura como la del buzón.

–No, abuela. Así no sirve. Tenés que escribirla en el teclado.

–Pero yo no sé escribir a máquina –dijo la abuela desilusionada.

–No te preocupes, abu. Vos me dictás y yo la escribo. Vas a ver qué rápido que es.

La abuela se sentó en el sillón y le dictó una carta de... ¡cinco páginas! A Romina le dolían los dedos de tanto escribir. Para colmo, la abuela corrigió, uno por uno, todos los acentos, las faltas de ortografía y hasta los punto y aparte.

–Listo –dijo Romina cuando la carta estuvo aprobada–. En menos de cinco minutos la recibe.

La abuela pasó de abrir la boca, asombrada, a caer en el sillón, desilusionada, porque creyó que al enviarla, todo lo que estaba escrito en la pantalla, se había borrado para siempre.

Al día siguiente Romina encontró a su abuela sentada frente a la computadora apagada, esperando que la carta saliera por algún lado.

–No sale un papel –le explicó otra vez–. Las cartas aparecen en la pantalla.

Romina entró en su correo y efectivamente, había una respuesta de su tía abuela, pero... ¡el e-mail tenía un virus!

–La abuela Conce contestó –dijo–, pero no lo puedo leer.

–Yo te dije que las letras se borraban –contestó la abuela.

–No se borraron, abu. Es que el mensaje de la abuela Conce tiene un virus.

–¡¿Se enfermó?! ¿Ves?... Por eso no había escrito.

–No, abu, la que tiene un virus es la computadora.

–¡¿Y es contagioso?! –casi gritó la abuela, alarmada–. Tené cuidado, nena, no la toques.

Romina intentó explicarle a su abuela cómo funcionaba Internet, cómo eran los virus y cómo llegaban los e-mail. Inútil. La abuela no entendía nada.

–Mirá, querida –dijo finalmente la abuela Teresa–, la computación será muy útil, pero yo no la necesito para nada. Puedo seguir mandando mis cartas por correo, como siempre.

–Pero, abuela ¡te tenés que modernizar!

–¡Eso sí que me gustaría! Me tendría que modernizar un poco las canas; los huesos también, porque me duelen; las arrugas de la cara... ¡qué de cosas!

La abuela se reía divertida, con esa risa contagiosa que a Romina le gustaba tanto.

–¿Sabés qué? –dijo de repente–. No voy a mandar ninguna carta por computadora. ¡Hace tantos años que escribo en el papel, que al final, me gusta, qué tanto! Se va como un pedazo mío adentro del sobre. Si estoy triste, la letra me sale de una manera, si estoy contenta, me sale de otra, y seguro que Conce se da cuenta de eso.

Dejá, querida. Voy a seguir usando el correo. Además, el muchacho ya me conoce y no me hace hacer la cola.

Cerró el sobre “vía aérea” y se fue para el correo. De pasada, cuando volvía, se anotó en un curso de computación.




FIN ✿◕‿◕✿



“Un e-mail para la abuela” de María Inés Falconi. © María Inés Falconi

Visto y leído en: Plan Nacional de Lectura, Recursos Literarios

Descargar el cuento en formato pdf, click aquí


Ilustración: Soraya Picouto Cid
http://www.behance.net/sorayapicouto

Y esto ha sido todo desde acá.

Por ahora, ya no hay más.


Informaron desde Coronel Dorrego para toda la blogósfera, los peque de la biblio.


¡¡Hola PequeMundo!!

Siempre rapidito, les contamos todas las novedades de este mes:

1
Junio fue el mes elegido para trabajar los valores. Pisando la imagen podrán ver nuestro
Árbol de Valores
click aquí


2
El caballero de la armadura oxidada fue el cuento que se sumó a
El Valor de la Lectura


3
...y PABLO NERUDA, el primer habitante poeta de
CIUDAD PEQUE



Y ahora, a seguir leyendo!
El Árbol Generoso (de Shel Silverstein)

Había una vez un árbol que amaba a un pequeño niño. Todos los días el niño venía y recogía sus hojas para hacerse con ellas una corona y jugar al rey del bosque. Subía por su tronco, se mecía en sus ramas y comía manzanas. Jugaban juntos a la escondida y cuando se cansaba, el niño dormía a su sombra.

Y el niño también amaba al árbol y el árbol era feliz.

El tiempo pasó, el niño creció y el árbol solía quedarse solo esperándolo. Un día, el árbol vio venir al niño.

–Vení niño, subite a mi tronco, hamacate en mis ramas, comé mis manzanas, jugá bajo mi sombra y sé feliz -le dijo.

–Ya soy muy grande para trepar y jugar -dijo el niño- yo quiero comprar cosas, divertirme. Necesito dinero. ¿podés darme plata o me voy?

–Lo lamento, -dijo el árbol- sabés que plata no tengo, sólo hojas y manzanas. Agarrá mis manzanas y vendelas en la ciudad… tal vez así consigas la plata que querés.

El niño se subió al árbol, arrancó todas las manzanas, las cargó en una cesta y se volvió a alejar. Y el árbol se quedó feliz.

Pero pasó mucho tiempo, el niño no volvía y el árbol lo esperaba triste. Hasta que un día regresó y el árbol agitó alegremente sus hojas.

–Vení niño, subite a mi tronco, hamacate en mis ramas, jugá bajo mi sombra y sé feliz -le dijo.

–Necesito una casa que me sirva de abrigo -le contestó el niño-, quiero conseguirme una esposa y tener hijos. Es una casa lo que necesito, ¿tenés una casa para darme?

–Yo no tengo una casa -le dijo el árbol-, mi hogar es el bosque, pero podés cortar mis ramas y usarlas para hacer tu propia casa. Entonces serás feliz.

El niño cortó todas las ramas, se las llevó y se construyó una casa hermosa. Y el árbol se quedó feliz.

Volvieron a pasar muchos años sin que el niño regresara, hasta que un día volvió a visitarlo… el árbol se puso tan feliz que apenas pudo hablar.

–Vení, niño -le susurró- acercate y jugá.

–Estoy muy viejo y triste para jugar -le contestó- quisiera tener un bote y navegar lejos de aquí, ¿vos tenés un bote para mí?

–Un bote no tengo -le respondió el árbol-, pero podés cortar mi troco y navegar sobre él, si eso te hace feliz.

El niño cortó el tronco, lo ahuecó y se hizo un bote. Navegó lejos y el árbol se quedó feliz… o quizás no. Volvieron a pasar algunos años hasta que el niño regresara a ver al árbol.

–Lo lamento, niño -lo recibió el árbol- pero ya no me queda nada para ofrecerte… manzanas ya no tengo…

–Mis dientes ya están débiles para manzanas -le contestó el niño.

–Tampoco me quedan ramas, ya no hay cómo hamacarse en mí.

–Estoy muy viejo para las hamacas.

–Ni el tronco me queda, niño, ¿cómo te vas a trepar?

–Estoy muy cansado para trepar -le contestó el niño.

–Quisiera poder darte algo… pero ya no me queda nada. Me he convertido en un viejo leño trunco en medio del bosque… lo lamento -dijo el árbol.

–Yo ya no necesito mucho ahora -respondió el niño- apenas un lugar tranquilo para reposar… estoy muy cansado.

–¡Fantástico! -dijo el árbol reanimándose- un viejo leño trunco es lo que necesitás para sentarte y descansar. Vení, niño, sentate sobre mí.

Y el niño se quedó sentado contemplando el bosque. Y el árbol se quedó feliz.


FIN

El árbol que da o el árbol generoso (The Giving Tree), publicado en 1964, es un libro infantil escrito e ilustrado por Shel Silverstein. Este libro se ha convertido en uno de los más famosos de Silverstein y ha sido traducido a más de 30 idiomas.

El profesor de Estudios Religiosos en la Universidad de Stanford, Timothy Jackson, dijo:

¿Es este un cuento triste? Bien, es triste del mismo modo que la vida lo es. Todos estamos necesitados, y, si tenemos suerte, crecemos usando a otros y siendo usado por otros. Las lágrimas caen en nuestra vida como las hojas de los árboles. Nuestra finitud no es algo que lamentar o despreciar; es, precisamente, lo que hace posible el dar (y recibir). Cuánto más se acuse al niño, más se acusa a la existencia humana. Cuando más se acuse al árbol, más tienes que faltar a la idea de paternidad. ¿Deberían los regalos del árbol ser contingentes con la gratitud del niño? Si así fuese, si los padres y las madres esperasen reciprocidad antes de preocuparse por sus niños, estaríamos condenados.

Al unir la historia con la condición humana, Jackson asevera que los lectores deben identificarse tanto con el niño como con el árbol.

Esta puede ser la historia de nosotros y nuestros verdaderos amigos, en muchas ocasiones solo acudimos a ellos cuando los necesitamos y ellos siempre están ahí dispuestos a darnos lo que necesitamos sin pedirnos nada a cambio.

Los Cuentos ofrecen la posibilidad de viajar y vivir aventuras fantásticas con la imaginación, fomentan la creatividad, entretienen, acercan los niños a los libros y estimulan la lectura. Los Cuentos también pueden ayudar a los niños a superar conflictos o problemas, siendo también una forma de educación ya que contienen metáforas y moralejas que les hacen reflexionar sobre aspectos de la vida.

Desde el momento en que el libro fue publicado, generó controversia y opiniones opuestas sobre las interpretaciones de sus mensajes, sobre si el árbol es desinteresado o si sólo hace un sacrificio propio, y sobre si el niño es egoísta o razonable en sus peticiones al árbol. La historia muestra claramente a la infancia como un tiempo de relativa felicidad en comparación con el sacrificio y la responsabilidad de la edad adulta. La historia sólo usa la palabra "necesito" al final, para describir la necesidad del niño (ahora viejo) de un lugar para descansar; para el resto de sus deseos usa la palabra "quiero".

Algunos académicos describen el cuento como el retrato de un vicio, una relación parcial entre el árbol y el niño: con el árbol como un donante desinteresado y el niño como un ser codicioso y nunca satisfecho que constantemente recibe, y que nunca da nada a cambio al árbol; un amor egoísta que puede ser deformada e imitada por los lectores infantiles.

De hecho, algunos de estos académicos hablan de un árbol o bien como un padre irresponsable cuyo sacrificio propio ha dejado al hijo sin capacidad de poder arreglárselas por sí mismo (lo que le lleva a acabar solo) o como un desesperado codependiente. Otros sugieren que el libro es un cuento sobre el amor incondicional y la generosidad: el árbol da todo lo que posee al niño porque lo quiere, y sus sentimientos son devueltos por el niño cuando vuelve al árbol para descansar. De este modo, la relación entre el árbol y el niño según crece puede verse como algo similar a lo que ocurre entre madre e hijo; a pesar de no recibir nada a cambio durante mucho tiempo, el árbol antepone las necesidades del niño, porque quiere que este sea feliz. De hecho, el único momento en que el árbol parece triste es cuando siente no tiene nada más que dar al niño y que el niño nunca volverá.

Los ambientalistas han preferido interpretar el cuento como la relación entre la especie humana y el planeta. Los Humanos han tomado muchos de de los irreemplazables recursos de la Madre Tierra y no ha dado nada a cambio. El final del libro podría ser visto como que habremos agotado consumiendo los recursos del planeta.


Visto en: Monos Sabios
http://www.monossabios.com/04_ag_09_El_arbol_generoso.html

Y esto ha sido todo desde acá.
Por ahora, ya no hay más.

Informaron desde Coronel Dorrego para toda la blogósfera, los peque de la biblio.

♥ pEquE iNfOrmE MARZO 2012 ★
¡¡Hola PequeMundo!!

Bien rapidito, les contamos todas las novedades de este mes.
Terminamos Bibliopeque 2012


HOGAR CRECER, nos regaló rompecabezas para jugar

Click aquí

Compartimos una propuesta de Laura Diz

Click aquí

Estamos trabajando con los cuentos de Raúl

Click aquí

Y con el cuentito de Fernando


También queremos compatir una EFEMÉRIDE
24 de Marzo, Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia


A 36 años del último Golpe de Estado, el recuerdo de la CONABIP de los miles de desaparecidos en este período oscuro de la historia de nuestro país.


♥ ¡¡¡Y ahora a LEER!!! ★
 Ilustración Peter H. Reynolds
UNA ARTISTA, cuento de Ema Wolf

Tengo que contar lo que pasa con mi abuela Eugenia.
Mi abuela Eugenia ama las artes. Todas las artes. Cualquiera.

El año pasado descubrió que podía pintar y eso la puso muy contenta. Se fabricó un caballete.
Compró telas, pinceles y pomos de óleo.

Decidió que lo mejor era empezar pintando fruta, como habían hecho todos los artistas célebres. A eso se le llama “naturaleza muerta”. Consiste en poner unas cuantas frutas dentro de una frutera y pintarlas de modo que salgan lo más parecidas posible.

Cuando llegó el otoño juntó manzanas y peras de la quinta. Las acomodó en la frutera, puso la frutera sobre la mesa del comedor y pintó.

Le festejamos mucho el cuadro. Ella se entusiasmó.

El invierno lo pasó pintando cítricos. No dejó una naranja, un pomelo, una mandarina, ni un quinoto sin pintar.

A fines de octubre ya había pintado todo lo que se podía cosechar en casa. La fruta variaba con el correr de los meses; la frutera era siempre la misma.

Colgó las telas de su pieza y organizó visitas de parientes para admirarlas.

Llegó noviembre, que es el mes de los nísperos.

En casa no hay nísperos. El único que los tiene es don Cosme, que vive al lado.
No sé qué habrá pasado por la cabeza de mi abuela aquel día fatal de primavera. Siempre la tuvimos por una persona seria. Pero debe ser cierto que cuando el arte se le mete a alguien adentro, es capaz de hacer cosas que nadie imaginó.

Aquel día mi abuela se coló en el terreno de don Cosme por un agujero de la ligustrina y fue derecho al árbol de los nísperos.

Lo vi todo. Espantoso.

El vecino la pescó justo cuando se descolgaba de una rama baja con el delantal anudado lleno de nísperos suyos.

Me acuerdo de los ojos desafiantes de mi abuela y de sus zapatillas de lana balanceándose a ras del suelo. Don Cosme la miraba petrificado, apoyado el cuerpo en el rastrillo para no derrumbarse. Así estuvieron un rato.

Rojo de vergüenza ajena, don Cosme se metió por fin en el edificio de su casa y mi abuela volvió a la nuestra por el agujero, ofendida porque la habían descubierto.

Rápidamente se puso a pintar los nísperos. Pintó sólo un puñado y completó la frutera con unos cuantos carozos brillantes.

Yo pensé que la cosa quedaba ahí y que nadie más se enteraría.

Pero al día siguiente el vecino mandó llamar a mi papá.

Le contó lo que había hecho mi abuela. Le dijo que la vigilara, que nunca la había creído capaz de portarse así y que era un mal ejemplo para nosotros.

Mi papá volvió furioso. La retó.

A ella el reto le entró por una oreja y le salió por la otra. Estaba cada vez más indignada con el vecino: antes porque pensaba que no era de caballeros pescar a una dama en un momento así; ahora por alcahuete.

Mi papá la obligó a regalarle a don Cosme el cuadro de sus nísperos; al menos eso. Ella obedeció de mala gana. El vecino no supo si agradecerlo o qué.

Desde ese día mi abuela le tomó el gusto al asunto y empezó a visitar otras quintas de la manzana. Siempre con motivo de su arte, se dedicó a levantar fruta madura, bien elegida. Todo a la luz del día, sin esconderse ni ocultar siquiera las huellas de sus zapatillas.
En eso está ahora mi abuela.

Los vecinos se quejan a gritos. Por ellos, ya hubieran guardado todos sus árboles en los dormitorios.

Notamos que cada vez es más lo que se lleva y menos lo que pone en la frutera. Pero sigue pintando.

Van mal las cosas. Debo decir que está completamente sublevada.

La sorprendieron trepada a las medianeras eligiendo fruta con prismáticos, huyendo por debajo de los alambrados y arrojando granadas, que son duras, para retrasar a sus perseguidores. Mi papá tiene pesadillas en las que mi abuela capitanea una banda de forajidos.

Estamos a mediados de enero.

Ella sabe bien que en febrero maduran los higos y no se va a perder el pintar una naturaleza muerta con higos; especialmente esos de cáscara oscura, muy dulces, que crecen en la casa del fondo. Se prepara, creo, para dar el gran golpe.

Armó un artefacto ingenioso para cortar los higos altos: una vara con una tijera en la punta accionada por un piolín y una pequeña red abajo. También consiguió una escalera alta porque la medianera del fondo es alta. Se la pidió prestada al dueño de los higos; el hombre está horrorizado.

Hay que evitar a toda costa que llegue a febrero con esos planes.
Estamos tratando de convencerla de que pinte otras cosas. El mar, por ejemplo, que no molesta a nadie. El problema es que donde vivo no hay mar.

Ella dice que cuando acabe con la fruta va a seguir con los animales.

Eso puede ser peor. No me animo a contárselo a mi papá, pero la encontré dibujando los planos de los gallineros del barrio.

► Ema Wolf

Visto en el blog: Palomas de papel
http://gracielaroth.blogspot.com.ar/2011/08/una-artista.html

Ilustración: Peter H. Reynolds
http://www.peterhreynolds.com/

Y esto ha sido todo desde acá.
Por ahora, ya no hay más.

Informaron desde Coronel Dorrego para toda la blogósfera, los peque de la biblio.

♥ pEquE iNfOrmE ENERO/FEBRERO 2012 ★

 BIBLIOPEQUE-ilustración de Blanca BK ¡¡¡¡Hola PequE MundO!!!!
¡¡Hemos comenzado el Segundo Cuaderno Amiguito!!

Para quienes no lo saben, el cuaderno amiguito está creado para informar a los peques y a la biblio, qué cosas está haciendo, y por dónde anda, quién les escribe,
o sea yo…
(Mi nombre es Analía)


Los informes o “♥ pEquE iNfOrmEs ★” son mensuales y ya se completó el cuaderno Nº 1

★Mi Primer Cuaderno Amiguito ★PequeInformes 2011


El que empieza hoy, como les decía al principio, es el segundo y algo de lo que se ha hecho se los cuento aquí:

♥ Premios 20Blogs 2011 ★
Ya están visibles los resultados provisiona les de los Premios 20Blogs
¡¡Bibliopeque ES FINALISTA!!!
La lista oficial y definitiva de ganadores se hará pública el próximo 9 de febrero y, de confirmarse nuestro 4º puesto en la categoría Cultura y Tendencias, lo anunciaremos en bibliopeque para compartirlo con todos nuestros amigos...
Mientras, seguimos esperando las colaboraciones de los amigos que hicimos en el concurso y que invitamos a participar en bibliopeque, además, hay más de 50 enlaces a blogs que me gustaron y que guardaré aquí, para que puedan visitarlos y conocerlos.


♥ Biblioteca Virtual Infantil ★
ya está listo el nuevo espacio para agrupar a los escritores infantiles y sus cuentos


Elsa Bornemann, Gianni Rodari, Graciela Montes, Ema Wolf, María Elena Walsh y Laura Devetach, son los autores elegidos para trabajar este año, sus cuentos y poemas ya se seleccionaron, sólo falta publicarlos en el blog creado para ellos.
Más adelante se hará lo mismo con los ilustradores de cuentos infantiles, pues su trabajo es tan importante como el del escritor.

♥ ¡¡¡Y ahora a LEER!!! ★
BIBLIOPEQUE- ilustración: LEYENDO de Mónica Carretero
Este cuento es una colaboración especial de HOGAR CRECER

"Como si el ruido pudiera molestar"
(Gustavo Roldán)

Fue como si el viento hubiera comenzado a traer las penas. Y de repente todos los animales se enteraron de la noticia. Abrieron muy grandes los ojos y la boca, y se quedaron con la boca abierta, sin saber qué decir.

Es que no había nada que decir.

Las nubes que trajo el viento taparon el sol. Y el viento se quedó quieto, dejó de ser viento y fue un murmullo entre las hojas, dejó de ser murmullo y apenas fue una palabra que corrió de boca en boca hasta que se perdió en la distancia.
Ahora todos lo sabían: el viejo tatú estaba a punto de morir.

Por eso los animales lo rodeaban, cuidándolo, pero sin saber qué hacer.
—Es que no hay nada que hacer —dijo el tatú con una voz que apenas se oía—. Además, me parece que ya era hora.

Muchos hijos y muchísimos nietos tatucitos miraban con una tristeza larga en los ojos.
—¡Pero, don tatú, no puede ser! —dijo el piojo—, si hasta ayer nomás nos contaba todas las cosas que le hizo al tigre.
—¿Se acuerda de las veces que lo embromó al zorro?
—¿Y de las aventuras que tuvo con don sapo?
—¡Y cómo se reía con las mentiras del sapo!

Varios quirquinchos, corzuelas y monos muy chicos, que no habían oído hablar de la muerte, miraban sin entender.

—¡Eh, don sapo! —dijo en voz baja un monito—. ¿Qué le pasa a don tatú? ¿Por qué mi papá dice que se va a morir?
—Vamos, chicos —dijo el sapo—, vamos hasta el río, yo les voy a contar.

Y un montón de quirquinchos, corzuelas y monitos lo siguieron hasta la orilla del río, para que el sapo les dijera qué era eso de la muerte.
Y les contó que todos los animales viven y mueren. Que eso pasaba siempre, y que la muerte, cuando llega a su debido tiempo, no era una cosa mala.

—Pero don sapo —preguntó una corzuela—, ¿entonces no vamos a jugar más con don tatú?
—No. No vamos a jugar más.
—¿Y él no está triste?
—Para nada. ¿Y saben por qué?
—No, don sapo, no sabemos...
—No está triste porque jugó mucho, porque jugó todos los juegos. Por eso se va contento.
—Claro —dijo el piojo—. ¡Cómo jugaba!

—¡Pero tampoco va a pelear más con el tigre!
—No, pero ya peleó todo lo que podía. Nunca lo dejó descansar tranquilo al tigre. También por eso se va contento.
—¡Cierto! —dijo el piojo—. ¡Cómo peleaba!

—Y además, siempre anduvo enamorado. También es muy importante querer mucho.
—¡Él sí que se divertía con sus cuentos, don sapo! —dijo la iguana.
—¡Como para que no! Si más de una historia la inventamos juntos, y por eso se va contento, porque le gustaba divertirse y se divirtió mucho.
—Cierto —dijo el piojo—. ¡Cómo se divertía!

—Pero nosotros vamos a quedar tristes, don sapo.
—Un poquito sí, pero... —la voz le quedó en la garganta y los ojos se le mojaron al sapo —. Bueno, mejor vamos a saludarlo por última vez.

—¿Qué está pasando que hay tanto silencio? —preguntó el tatú con esa voz que apenas se oía—. Creo que ya se me acabó la cuerda. ¿Me ayudan a meterme en la cueva?

Al piojo, que estaba en la cabeza del ñandú, se le cayó una lágrima, pero era tan chiquita que nadie se dio cuenta.
El tatú miró para todos lados, después bajó la cabeza, cerró los ojos, y murió.

Muchos ojos se mojaron, muchos dientes se apretaron, por muchos cuerpos pasó un escalofrío.
Todos sintieron que los oprimía una piedra muy grande.
Nadie dijo nada.

Sin hacer ruido, como si el ruido pudiera molestar, los animales se fueron alejando.
El viento sopló y sopló, y comenzó a llevarse las penas. Sopló y sopló, y las nubes se abrieron para que el sol se pusiera a pintar las flores. El viento hizo ruido con las hojas de los árboles y silbó entre los pastos secos.

—¿Se acuerdan —dijo el sapo— cuando hizo el trato con el zorro para sembrar maíz?


FIN

Del libro "Como si el ruido pudiera molestar"
Autor: Gustavo Roldán


Y esto ha sido todo desde acá.
Por ahora, ya no hay más.

Informaron desde Coronel Dorrego para toda la blogósfera, los peque de la biblio.

★ Mi Primer Cuaderno Amiguito ★PequeInformes 2011


★ Mi segundo Cuaderno Amiguito ★PequeInformes 2012


★ Mi tercer Cuaderno Amiguito ★PequeInformes 2013

Responsable:
Analía Alvado

Proyecto asociado a «Garabatos»


5pyright ✿◕ ‿ ◕✿ Mi cuaderno amiguito 2 Adaptación de Plantillas Blogger
Diseñado por Garabatos sin © (2009/2013)
RECURSOS UTILIZADOS:
★Plantilla Blogger ultra súper minimizado★ Proyecto Bibliopeque ★Menupeque★ Proyecto Bibliopeque
● Menú muy sencillo efecto hover con flecha Gema blog ● Botones con CSS VAGABUNDIA ● Títulos con efectos usando :after y :before VAGABUNDIA ●Sombras con CSS GEMABLOG ● Hablando de bordes con CSS VAGABUNDIA ● Customize Menu - OnlyCssMenu